Acabo de leer que se supone que los sonámbulos no son conscientes de lo que hacen; que caminan en sueños de forma inconsciente. Qué va.
Cuando yo me levanto en sueños soy perfectamente consciente de lo que hago. Intento librarme de una cuenta de collar que me he tragado, o secar un charco que ha causado la persistente lluvia que atraviesa las paredes. Por lo menos esto es cierto: hay consciencia cabal de todas esas cosas. El sonámbulo -este sonámbulo, al menos- no está como en coma, como muerto, mientras camina en sueños.
Pero no hace falta ser sonámbulo para darse cuenta de que hay algo raro en la idea de que los sonámbulos no son conscientes de lo que hacen. Todo el mundo sueña, ¿no? ¿Es que no somos conscientes de nuestros sueños? Claro que sí, por eso son sueños. Si no serían dormir sin soñar u otra cosa peor.
O, al menos: hay consciencia de soñar aunque -y aquí viene el rollo blog, familia- quizá no esté tan claro que seamos nosotros los que soñamos. Todos recordamos sueños en los que nos parece muy razonable que cosas perfectamente absurdas estén pasando, o en los que deseamos o tememos cosas poco deseables o poco temibles. Pero nosotros no tememos esas cosas, ni deseamos aquellas, ni nos comportaríamos de forma tan poco razonable en todo caso. No somos nosotros los protagonistas de nuestros sueños. Hay consciencia, pero no estados conscientes de la persona que somos.
Entonces, para volver al punto de partida de esta entrada, quizá es cierto que los sonámbulos no son conscientes de lo que hacen, pero sólo en el sentido de que, si bien alguien es consciente de lo que hace el sonámbulo, no es el sonámbulo mismo, o al menos hay contextos en los que querríamos decir que no lo es.