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Jueves, 09 de Septiembre de 2010. 
ARTICULOS ASTRUD

Ilustración: Carlos Ballesteros.
Hello Cuca
El artículo de junio de Manolo para Vanidad es un elogio de Hello Cuca. (01-06-2005)

Cada vez que nos preguntan qué grupos nos gustan, o qué grupos españoles nos gustan, o qué discos nos han gustado, respondemos que Hello Cuca: “Hello Cuca”, “Hello Cuca”, “el disco de Hello Cuca”. Nunca da tiempo a explicar por qué, y es por un montón de cosas.

Primero y segundo, porque dicen las cosas precisamente. Esto tiene dos partes: las cosas, es lo que dicen precisamente; no cualquier originalidad sin importancia, ni van por ahí “explorando los límites del sentido”, sino que se preocupan (como todos a la hora de la verdad y como los más valientes a la hora del arte y de la teoría) por el sexo, por llorar, el amor, los cumpleaños. Las cosas que importan. Y, luego, dicen las cosas precisamente; las cosas separadas entre sí y del fondo, cada cosa dentro de la frase que le haya buscado Mabel (la bajista y letrista), diciéndose claramente; sin reírte las gracias pero arremangándose: “¡A contar! ¡A llorar! ¡A lo que sea!” y dejando claro qué es lo que falla, sin admitir excusas ni darlas tampoco. No quiero decir que las letras de Hello Cuca vayan diciendo verdades, sino que lo que dicen refleja la verdad. Eso es algo muy distinto, mucho más difícil. Decir verdades es lo de los refranes, o responder la hora que es cuando te preguntan qué hora es. Reflejar la verdad es otra relación entre el lenguaje y las cosas; una relación de imitación, como las onomatopeyas o la “o” del bostezo, pero entre una canción por un lado y algo difícil de explicar por el otro.

Tercero, en directo son increíbles. Son un trío de rock, guitarra, voz, batería y bajo, y cada vez tocan mejor. Lidia (la cantante y guitarrista) ha aprendido a hacer esa especie de solos de blues del desierto en cualquier posición, aunque sus fans la estén llevando en volandas por la sala. Grita sin parar y se entiende todo lo que dice. Alfonso (el batería) toca sin platos, casi, o en todo caso usa muchísimo más el timbal bajo y las maracas, y Mabel lo va siguiendo con el bajo y toda la sala resuena por lo bajo, en plan africano, en plan poesía beat mientras Lidia grita y hace sus solos.

Cuarto, son increíblemente atractivos. Lidia y Mabel son guapas y misteriosas (porque son hermanas) y Alfonso es altísimo y delgado y lleva la cabeza rapada. Tienen todos esos contrastes tan guays: grande/pequeño -niño/adulto – chica/chico. Dos hermanas delante con cara seria y un tipo altísimo detrás que es como su hermanastro, o el único que las entiende o algo así. Es irresistible.

Quinto, poseen una cultura enigmática e interesante. Les gustan grupos que no hemos oído. Dicen en una letra “No tienes el dragón” y no puedes evitar pensar que “el dragón” es algo imprescindible de lo que no has oído hablar porque no estás dentro de donde sea que están ellos. Han leído unos libros insólitos, que no se compran, sólo se prestan, unas fotocopias encuadernadas en canutillo que corren por ahí desde los años sesenta. Se cartean con extranjeros, tienen un sello y un fanzine.

Sexto, ellas son de La Manga del Mar Menor. Esto ya es suposición mía, pero ser de un sitio como ese, que a la gente le parece como de mentira, te debe de hacer ver el mundo de otra manera: lo efímero es un cucurucho de churrería tirado en el césped de un edificio de apartamentos, etcétera.


 

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Jueves, 09 de Septiembre, 2010.